jueves, 13 de diciembre de 2012
Querido diario
martes, 20 de noviembre de 2012
Que viva la revolución mexicana [y cualquier otro pretexto para no trabajar]
Basta con ver un calendario para darnos cuenta de que necesitamos tener la sensación de que las cosas son iguales una y otra vez, y que además no se nos dificulta para nada lograrlo. Aparte de celebrar el santoral, nuestra modernidad que tiene la consigna de la innovación a toda costa, se ha dedicado en los últimos años a ponerle nombre a todos los días (y, ¿por qué no soñar con ello?, días a todos los nombres).
Entran aquí toda clase de nombres para apretujarse en el modesto tablero de 365 casillas: "el día de la tolerancia", "el día internacional de la mujer", "el día mundial de la salud", y una interminable lista de etcéteras.
Todo esto no significa nada en absoluto. Hemos banalizado tanto los conceptos que ya ni siquiera sabemos a lo que nos referimos cuando los nombramos; pero esto no es exclusivo de los nombres porque hemos hecho lo mismo con los personajes históricos, con los representantes de la raza humana que antes se conocían como "héroes", con la historia misma.
"¿Qué es eso de la revolución mexicana?", sería una buena pregunta que ya ni siquiera se formula. Sí, claro, tenemos alguna noción vaga que le debemos a los excelentes programas de nuestra educación básica, pero en realidad nada importa, ni saber qué celebramos, ni celebrarlo realmente, porque si nos ponemos a investigar sobre el tema corremos el riesgo de desperdiciar esos días de asueto que nos dieron los señores con nombre de calle.
Aquí es donde estamos, inmersos en esta dinámica que le quita la sustancia a todo porque no tiene tiempo de nada, que trabaja, que marcha y cuya vida es marchar. Es un círculo vicioso que con una mano nos empuja al ciclo y con otra a veces hace como que nos salva. "Días de asueto", le llamamos al breve respiro que algunas veces nos podemos permitir.
El pretexto, como siempre ha pasado y como siempre pasará, es lo de menos.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Cholula es otra cosa
Ahora que estoy en Puebla me está dando eso del choque cultural en forma de desconcierto y confusión ante ciertas particularidades de esta gente que tiene otra cultura, otra visión del mundo, las cuales sinceramente no entiendo.
Cuando estuve en Torreón había de vez en cuando alguna cosilla que me causaba risa, o que me parecía curiosa, que desentonaba con lo que yo conocía de cómo son y deben ser las cosas. Toda mi infancia y adolescencia viví y conviví con gente de Monterrey y de Saltillo, ciudades que no difieren mucho en usos y costumbres, y Torreón no está muy lejos de aquellas dos.
Hay un famoso eslogan que utilizan en Saltillo para referirse a su ciudad, "Saltillo es otra cosa", dicen, pero a mí no me lo pareció. Ahora bien, Cholula, no sé ni por donde empezar, Cholula sí que es otra cosa.
Ya me iré adaptando, porque para eso está uno, para adaptarse y ajustarse y estrecharse y expandirse; para cambiar, pues, y acabarse en el camino. Pero por lo pronto estoy aquí, un norteño que no sabe pa' dónde queda el norte, perdido en esta ciudad, con esta gente, con esta cultura que desconozco por completo y que -virgencita plis- espero asimilar pronto.
domingo, 28 de octubre de 2012
La reliquia lagunera
Resulta además que el 28 de octubre es el día de "San Juditas", el santo de los milagros imposibles, y como era de esperarse en una ciudad contradicción como ésta [ciudad contradicción porque está en medio del desierto, sin agua, sin recursos naturales, ¡y así se dedica a producir leche!], los altares y las ofrendas de comida para este santo pululan por todos lados.
A esta tradición de adulación, asado de puerco y siete sopas, que además puede incluir la danza de matachines, se le llama "reliquia" y definitivamente es una de las cosas que no voy a extrañar de aquí cuando me vaya.
jueves, 25 de octubre de 2012
El tiempo es como el agua
jueves, 13 de septiembre de 2012
Hombre lento*
*Cuento basado en el libro "Hombre lento" de J.M. Coetzee.
miércoles, 22 de agosto de 2012
Adiós a Torreón
miércoles, 8 de agosto de 2012
La gran aportación de Metrocles a la filosofía
martes, 15 de mayo de 2012
Un chango con pistola
lunes, 20 de febrero de 2012
Parque México (O cómo dos prietos no pueden pasear a gusto ahí)

Esa vez, fue Manuel el que nos recomendó a mi amigo y a mí que buscáramos retas de futbol en el Parque México. Eran aproximadamente las 7:30 p.m., y ya había caído la noche cuando llegamos. ¿Se representan la imagen? Dos regiomontanos feos, prietos y fachosos deambulando por ese parque a la hora en la que está más concurrido.
Pues ahí vamos confiados en que no tiene nada de malo recorrer un parque de punta a punta para buscar algo que nos dijeron que iba a haber ahí. Pero no.
No, señor. Dos regios feos, prietos y fachosos no pueden deambular por entre la gente bonita y nice de la Condesa sin levantar sospechas de esas nobles y tiernas almas. Así que se detiene una patrulla al lado de nosotros, y dos oficiales de policía (por decir algo) se acercan a nosotros con una estrategia que seguro les enseñó el FBI: uno nos aborda de frente y el otro rodea unas plantas y árboles para llegar de costado a nosotros.
Nos preguntan todo, que a dónde íbamos, que de dónde éramos, que dónde nos hospedábamos. Nos solicitaron una identificación, pero como dejamos todo en el hostal, no pudimos proporcionársela. Nos regañaron por eso, y al final, cúspide del momento más ridículo o más algo que he tenido en mucho tiempo, nos registraron en busca de armas, drogas o qué sé yo qué habrán imaginado los señores.
Antes de que nos registraran, le pregunté a uno de los polis, al de la panza más prominente, porque tengo entendido que según el rango es la panza, el porqué de tanto show. Me respondió con un simple “los vecinos los reportaron como sospechosos”.
Cien personas paseando en el parque (algunos besándose en las bancas de los rincones más oscuros, otros fumando mota en rincones ni tan oscuros) y los sospechosos éramos nosotros. Los regios feos, prietos y fachosos.
Así es como funcionan las cosas aquí. Así es como aplica aquel dicho de “como te ven, te tratan”. Así es como dos regios feos, prietos y fachosos no pueden pasear por el Parque México sin levantar la sospecha de que algo malévolo traman. Así es como hacemos tributo a la época en la que vivimos, esa época del culto a la imagen, esa época superficial y de juicios inmediatos en la que estamos inmersos.
martes, 14 de febrero de 2012
¿Qué celebramos cuando decimos "amor"?

Conste que no estoy “en contra” del amor porque, a fin de cuentas, ni siquiera sé a qué se refieren ustedes con eso. El concepto es bastante subjetivo y puede abarcar una infinidad de emociones que luego pretendemos resumir con ese nombre. Jamás voy a estar contra las pasiones, y el amor es, en definitiva, una de ellas.
Lo que no apoyo es la forma en que se pretende restringir a esa pasión, definirla en límites estrictos, establecer protocolos adecuados para su expresión, y sobre todo, estandarizarla con ciertos lineamientos para su correcto uso.
Esta idea de la estandarización no es exclusiva para las celebraciones, pues podemos verla en muchos ámbitos de la sociedad. En la educación, por ejemplo, tenemos las “competencias”; en la política, la “democracia”; en la industria, la “calidad de la producción en línea”. Siempre estándares, siempre todo igual.
El estándar para un “día del amor y la amistad” es simple, de tal forma que hasta el más humilde de los hijos de la virgencita de Guadalupe pueda seguirlo sin necesidad de esfuerzo: uno va a las tiendas, compra flores, compra chocolates, compra globos y es feliz porque tiene amor.
Por fin hemos logrado lo que nuestros ancestros soñaban, es decir, hemos convertido al “amor” en un producto. No sólo el 14 de febrero, pues el 10 de mayo, el 24 de diciembre, y así en todas las fechas “importantes” ocurre exactamente lo mismo.
Vivimos en un mundo limitado, en una sociedad de autómatas que nos programa hasta lo que debemos sentir, y eso es lo que celebramos todos los 14 de febrero, todos los 10 de mayo y todos los 24 de diciembre de nuestras vidas. Estamos representando un panegírico teatral para el estándar, para la norma, para la falta de individualidad.
Decía Marx que el hombre pleno, el hombre no alienado, podía permitirse cazar por la mañana, pescar por la tarde, arrear ganado por la noche y, en los tiempos libres, ser crítico de las ideas; todo esto sin necesidad de ser cazador, pescador, ganadero o crítico exclusivamente. Pues bien, me parece que el hombre de nuestras sociedades tiene una plenitud distinta, que nos caracteriza, nos define: nosotros somos felices comprando esferitas en diciembre, chocolates en febrero, juguetes en abril y dulces en octubre; ahí está lo que nos queda.